viernes, 27 de enero de 2017

Porque el capitalismo deviene en la Trasnacional

Por Germán Saltrón Negretti
La historia del capitalismo comienza en el siglo XVI, a partir de un proceso denominado acumulación originaria del capital que desintegra a los pequeños productores de los medios de producción que eran de su propiedad en el feudalismo, a los campesinos en la agricultura y a los artesanos en los oficios urbanos y los convierte en obreros asalariados. Tras alcanzar su apogeo entre los siglos XI y XIII el feudalismo entra en una prolongada decadencia, el trabajo servil se torna improductivo, el hambre invade las regiones rurales de Europa, el crecimiento de las ciudades erosiona la posición privilegiada del campo. A ello se le une la conquista y colonización del nuevo mundo y los avances en la navegación que en el siglo XVI hacen posible la llegada de grandes masas de oro y plata procedentes de las colonias.

Existen dos grandes fases del desarrollo de la producción capitalista. El capitalismo de libre competencia, libre concurrencia o premonopolista y el capitalismo monopolista o imperialismo. El imperialismo ha transitado por tres estadios. El primero abarca desde las últimas décadas del siglo XIX hasta inicios del siglo XX, periodo durante el cual los monopolios niegan la libre concurrencia en un número creciente de ramas de la economía nacional, pero aún no se han fundido con el Estado. En ese estadio el imperialismo es capitalismo monopolista. El segundo es conceptualizado por Lenin a raíz de la destrucción ocasionada en Europa por la Primera Guerra Mundial -1914-1918- que opera como elemento de interconexión del poder económico de los monopolios y el poder político de los Estados según Lenin. En lo adelante, el Estado deja de responder a los intereses de toda la clase burguesa y responde solo a los intereses de la élite monopolista., que manipula el poder económico y político estadal para escapar de los efectos de la crisis y las guerras y para imponer condiciones favorables para la valorización del capital monopolista, la cual se refuerza durante la gran depresión de 1929-1933 y la segunda guerra mundial -1933-1945.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, el Capitalismo mundial se encontró con un modelo económico alternativo que cuestionaba su hegemonía, el socialismo. Esto hizo que intentara desarrollar un capitalismo social, para así competir al modelo socialista que representaba la Unión de Repúblicas Socialistas Sovieticas. Sistema económico que  duro el periodo de 1919 Guerra Mundial hasta la década de los ochenta, donde se produce la crisis del modelo socialista y termina con la caída del muro de Berlín.

El tercer estadio es resultado del salto de la concentración nacional a la concentración transnacional de la propiedad, la producción y el poder político. Tras un proceso iniciado hacia el fin de la Segunda Guerra Mundial, su despliegue comienza 1970, se produce una metamorfosis del capitalismo monopolista de Estado en capitalismo monopolista transnacional. Responde a las necesidades expansivas de los monopolios, incentivadas por el desarrollo sin precedentes de las fuerzas productivas, ocurrido durante la posguerra como resultado de la reconstrucción de Europa Occidental y la carrera armamentista. Transcurrido más de cinco siglos que comenzó a incubarse en las entrañas del feudalismo, el capitalismo conforma un espacio transnacional de rotación del capital y precisa de un poder político transnacional, que imponga condiciones uniformes para la reproducción del capital en cualquier punto del planeta.

Bajo la hegemonía del imperialismos norteamericano, que aglutina y subordina al resto de los centros de poder imperialista, Estado y monopolio en conjunto, conducen el proceso de concentración transnacional de la propiedad, la producción y el poder político. Este proceso tiene como contrapartida la desnacionalización de los Estados imperialistas más débiles y, de manera aún más aguda, de los Estados subdesarrollados y dependientes. Como parte de este proceso, las potencias imperialistas se atribuyen la facultad de adoptar decisiones que surten efectos sobre, e incluso dentro, del resto de las naciones, mientras que estas últimas se ven imposibilitadas de adoptar las suyas propias. Esta dominación transnacional se complementa con la refuncionalización de las instituciones del sistema internacional, entre ellas el Consejo de Seguridad de la ONU, el Fondo Monetario Internacional –FMI- el Banco Mundial –BM- y la Organización del Tratado del Atlántico Norte –OTAN-.

Podemos concluir, que la concentración transnacional del poder político responde a que el imperialismo necesita contar con un Estado mundial que rija todos los destinos de la humanidad. Sin embargo, la conformación de un Estado mundial es imposible, tanto por la existencia de insalvables contradicciones interimperialistas, como la resistencia popular, representada por el denominado movimiento antiglobalización representado por Rusia y China que puede devenir en una confrontación que ocasionaría una guerra nuclear donde los seres humanos quedaríamos exterminados. Ver libro América Latina entre siglos. De Roberto Regalado. Página 17. 

germansaltronpersonal@gmail.com 

Fuente: Barómetro Internacional

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